Abadía de Alet-les-Bains

Un pueblo medieval a flor de agua

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El pueblo de Alet-les-Bains se extiende por un meandro del Aude, entre colinas abruptas. Los impresionantes vestigios de su abadía-catedral, una de las más importantes de Languedoc, dominan en este lugar. Soportales y fachadas entramadas, jardines secretos y aguas de manantiales que sorprenden a los paseantes...

Historia[s]

 

 A finales del siglo X, la abadía de Alet pertenecía, al igual que la de Saint-Hilaire, a la congregación de Saint-Michel de Cuxa y estaba bajo la influencia de los condes de Carcassonne. Sin embargo, estos prefieren la abadía de Saint-Hilaire en lugar de la de Alet. Después de un periodo de prosperidad durante el siglo XII, el monasterio sufrió un periodo de dificultades debido a la mala gestión de algunos abades y como consecuencia de la cruzada albigense. En 1318, Alet se convirtió en la sede de un nuevo obispado.  La abadía románica se transforma en catedral gótica y las casas señoriales predominan por el pueblo. Durante las guerras de religión, fue varias veces asediada al pasar la ciudad de manos de los católicos a manos de los protestantes y viceversa. Los daños fueron tan importantes que se abandonó la catedral y se marcharon a una iglesia provisional que se convirtió en la nueva catedral. Hay que esperar hasta el siglo XIX, durante la visita de Prosper Mérimée, para que se lleve a cabo una acción para proteger la antigua abadía...

La abadía

Los vestigios de la abadía y de la catedral de Alet sorprenden por su tamaño y elegancia. La nave y el coro góticos, que incluyen el ábside románico, son majestuosos. Hay que ir hasta la sala capitular para encontrar un testimonio conservado de la época románica. Sus tres aperturas ofrecen una magnífica decoración esculpida donde la Anunciación y la caza del oso muestran una imagen típica del arte románico.

La calle Séminaire

Las bonitas fachadas animan esta calle que une la plaza del pueblo con la abadía. Las casas se encuentran sobre soportales. Otra de las casas, entramada, muestra una preciosa puerta del Renacimiento. El seminario es un edificio de los siglos XIV-XV, hoy en día convertido en una cafetería «La Buvette» con una alegre fuente en un precioso jardín. Nicolas Pavillon, obispo de Alet durante 40 años, de 1637 a 1677, creó esta institución. Este prelado se autoproclamaba obispo del pueblo. Nicolas Pavillon, familia de Saint-Vincent-de-Paul y cercano a los jansenistas por su concepción del episcopado, marcó la historia, más allá de su obispado. Estaba muy unido a la educación y por ello se encargó de la formación de los sacerdotes, para lo que fundó el Seminario. Además, fundó una comunidad de regentes para la formación de las jóvenes. También defendía, subiendo él mismo hasta el macizo de Capcir, en medio de la montaña, a las mujeres acusadas de brujería. Este hombre iluminado y muy unido a su pueblo de Alet, hizo reconstruir el puente que todavía se cruza hoy en día...

La plaza

Este lugar forma una estrella de la que salen las calles principales de Alet. Ofrece un impresionante conjunto de casas entramadas, soportales y zonas cubiertas. Los voladizos descansan en vigas cuyo extremo se solía esculpir. Siguiendo por la calle Calvière se lleva a un ejemplo notable de la arquitectura civil del siglo XIII...

Las aguas

El agua en Alet-les-Bains está por todas partes. Dos fuentes de agua fría y dos fuentes de agua caliente marcan su historia. En el siglo XIX y hasta 1966, se trataban las enfermedades del aparato digestivo en un centro termal gracias a estas conocidas aguas termales. El agua mineral, una de las más antiguas de Francia, comenzó a embotellarse en 1886. Aunque actualmente ya no se embotella, se puede saborear libremente en las fuentes que hay cerca del lavadero. Justo al lado de este encantador lavadero donde se remojaban los niños, se encuentra la piscina pública que también se alimenta con agua mineral. El edificio de esta piscina al aire libre es típico de los años 1950...

La torre del pueblo

Alet-les-Bains es un pueblo medieval que, protegido de una circulación excesiva, ofrece un paseo íntimo. Durante la visita del pueblo se bordea el Aude, se encuentran plataneros venerables, jardines, el lavadero, las murallas... Dos puertas de la ciudad marcan la entrada: la puerta Cadène y la puerta Calvière. El gótico meridional del siglo XIV se expresa en la iglesia Saint-André, donde recientemente se han descubierto unos frescos que cuentan la vida de Saint Benoît...

Para descubrir

Paseando

En los alrededores

En torno a la explotación de la madera, se desarrolló una actividad muy importante en el transporte fluvial en el alto valle del Aude. Para enviar la madera del bosque de Fanges, Picaussel, Capcir... los habitantes de Aude utilizaban la técnica de flote de la madera, al menos desde el Renacimiento. La madera se transportaba por tierra hasta el puerto de Quillan. Allí se hacían almadías de 10 a 15 troncos unidos con vergas de avellano. Los hombres que manejaban estas almadías, los «carras» eran muy demandados porque hacían falta muchos años, una gran experiencia, fuerza y valentía para enfrentarse a todos los obstáculos del explotado y agitado curso del río. Se les conocía como los «carrassiers». Su viaje les llevaba de puerto en puerto hasta el mar...

El viaje de la madera