Abadía y ciudad medieval de Lagrasse

Un importante lugar lleno de color

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Un pequeño valle rodeado de colinas escarpadas a orillas del río Orbieu: aquí se desarrolló la abadía benedictina más grande del Languedoc medieval. Enfrente de esta ostensible silueta, al otro lado del río, uno de los «Pueblos más bonitos de Francia» invita a descubrir los ricos e incluso truculentos tesoros...

Historia[s]

 

 La abadía de Lagrasse, protegida por los carolingios desde la segunda mitad del siglo VIII y favorecida por los condes catalanes de los siglos XI y XII, se convirtió en una de las abadías benedictinas más potentes de Languedoc. Su abad, el señor de una importante ciudad instalada al otro lado del río Orbieu a partir del siglo XIII. debió negociar con los consejos que representaban a los ciudadanos para organizar la vida de la ciudad. La cruzada albigense y la captación de donaciones por parte de las órdenes cistercienses y templarias, debilitaron la abadía. A partir de 1279, el abad Auger de Gogenx le devuelve su lustro y la remodela completamente. La ciudad y la abadía se transforman para enfrentarse a los trastornos de los siglos XIV y XV. A finales del siglo XVI, los monjes, hijos de la nobleza local, dejan de respetar la regla. En 1662, rechazan la autoridad de la Congregación de San Mauro, encargada de reformar la abadía. Finalmente, los mauristas terminan imponiéndose y dirigen la abadía hasta la Revolución francesa. Desde este acontecimiento, el monasterio se divide en dos partes: una laica y otra religiosa.

El conjunto abacial

Tras la construcción del palacio abacial por el abad Auger de Gogenx en el siglo XIII y las reformas del siglo XVI, el monasterio se transforma radicalmente en los siglos XVII y XVIII con la reforma maurista. La abadía, medieval en su parte residencial, tiene un estilo clásico en los edificios conventuales, salvo la iglesia abacial de la época gótica y sus tres absidiolos de época románica.

La vivienda abacial

Este espacio concebido por el abad Auger de Gogenx se organiza alrededor de un elegante patio. Una galería sostenida por nueve columnas con capiteles comunica con los cuartos de servicio, y en la planta de arriba, los apartamentos del abad. En el salón predomina una magnífica chimenea del siglo XVI, mientras que la capilla privada se comunica con las dos plantas...

La capilla abacial

El vestíbulo de abajo de la capilla abacial conserva una bóveda con pinturas de las armas de Auger, híbridos y un carpintero. En la primera planta, las paredes de la capilla están decoradas con el Árbol de la Vida y el Juicio Final. Los azulejos del suelo representan los signos del zodiaco y escenas de caza, flores de lys y rosetones... en un bonito juego de colores. En el coro, la pila litúrgica cuidadosamente esculpida atrapa las miradas y conserva el agua sagrada que el sacerdote utiliza para purificar el cáliz.

Maestros escultores

El pórtico de mármol blanco del siglo XII reúne catorce elementos y llevan la firma del taller del maestro de Cabestany. La efigie de Auger es una obra del escultor de la catedral de Narbonne en el siglo XIII. Esta efigie sirvió como conducto de canalización: la cabeza, separada del cuerpo, la guardan los canónigos de la abadía.

Maestros arquitectos

El dormitorio, construido a principios del siglo XIV, es una magnífica nave de dos plantas, que, sin duda, en la Edad Media, pertenecía a una sola persona. Por fuera su aspecto fortificado destacaba por sus matacanes. La torre-campanario fue una construcción de Philippe I de Lévis, abad comendatario de Lagrasse y obispo de Mirepoix, para manifestar su munificencia. El claustro y el jardín proporcionan un toque de comodidad, mientras que la elegante ostentación del patio de honor proporciona a la abadía aires de palacio...

Para descubrir

Paseando

En los alrededores

Durante la Revolución, la abadía se vendió en dos lotes. El primero, el monasterio actual, a la familia Sarrail. Hoy en día, la comunidad religiosa de los Canónigos Regulares de la Madre de Dios es el propietario de este lugar. El segundo lote, el palacio abacial, a la familia Berlioz. Estos habitantes cedieron su parte a las Obras al Mérito Militar en 1928. Aquí se instaló un orfanato que acogía a los niños hasta finales de los años 1970. Todavía hoy en día, algunos vienen para compartir sus conmovedores recuerdos, de la acogida benévola que se les ofreció a pesar de las difíciles condiciones. Quieran encontrar a sus compañeros pueden disponer de una valiosa lista de las personas que se manifestaron.

Recuerdos compartidos