Castillo de Villerouge-Termenes

El recuerdo del último occitano

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El castillo de los arzobispos de Narbonne, bien situado en medio del pueblo, deja ver las altas murallas de las torres. En el interior, la Edad Media encontró vida, colores y sabores. Una experiencia única en Europa que podrá encontrar en este pequeño valle de Hautes Corbières.

Historia[s]

El castillo de Villerouge-Termenès aparece a finales del siglo XI como propiedad de Guifred de Cerdagne, arzobispo de Narbonne. Su sucesor fue objeto de las reivindicaciones del obispo de Rodez. Este se ampara en la sede arzobispal y cede Villerouge a Peyrepertuse, que pronto se enfrentaría a las pretensiones de Termes. Al cabo de dos años el papado nombró a un nuevo arzobispo, pero hicieron falta 33 años para que los coseñores de Villerouge aceptaran restituir el feudo y el castillo al arzobispo de Narbonne. Durante la cruzada albigense, Alain de Roucy, compañero de Simon de Montfort, se apropia del castillo que será finalmente restituido. En 1321 tuvo lugar un acontecimiento importante: el leñero del último cátaro, Guilhem Bélibaste, firmó el fin del catarismo en Occitania. Los arzobispos de Narbonne se sucedieron y ejercieron el poder de los grandes señores: impuestos, justicia... hasta la Revolución francesa.

La fortaleza

El castillo, completamente restaurado, ofrece en su conjunto un bonito ejemplo de arquitectura militar de los siglos XIII y XIV. Es una de las pocas fortalezas instaladas a orillas de un río, al fondo del valle, cerca de las tierras cultivas y no en un lugar encaramado. Recogido entre sus cuatro torres angulares, el castillo impone una silueta masiva. Una rampa de acceso bordea la muralla hasta la entrada por un tipo de torre-pórtico a penas enrasada. Además, se abre una puerta que cuenta con una buhera...

El torreón

La «gran torre» tiene tres plantas. Las escaleras se construyeron desde el espesor de la muralla hacia el interior para impedir el acceso a posibles asaltantes. En la sala alta, las ventanas con bancos de piedra vigilan los alrededores y hay cuatro arcos, dos de ellos para realizar tiros. Por último, el torreón concluye la defensa en un reborde a 22 metros por encima del suelo.

El cátaro y el arzobispo

En el ala este del castillo, la historia coge forma a través de las escenas reconstituidas, los vídeos, las maquetas... Historias cruzadas de Bélibaste y de su arzobispo Bernard de Gargues, quien presidió su suplicio, factores que le adentrarán en la vida del siglo XIV. La narración, basada en la novela de Henri Gougaud, es fiel a la Historia e interesante …

El banquete medieval

El «Asador medieval» se encuentra en la parte oeste del castillo. Ofrece platos realizados a partir de recetas que se utilizaban en los siglos XIII y XV. Servidos por un personal uniformado, satisface tanto la imaginación como las papilas...

Para descubrir

Paseando

En los alrededores

La riqueza minera de Corbières es considerable, principalmente está formada por hierro y plata. Las minas de hierro existen desde la antigüedad y las explotaban los romanos de una forma muy elaborada. La explotación minera también fue un gran impulso para la abadía de Lagrasse y los señores de Termes durante la Edad Media. En el siglo XVII, Colbert retomó la explotación, que pasó a desarrollarse de manera industrial en los siguientes siglos. Uno de los principales lugares de extracción estaba alrededor de Palairac, un pequeño pueblo a una quincena de kilómetros de Villerouge-Termenès. Los ingenieros del siglo XIX contaron unos 300 lugares de extracción. Los metales ya no se trataban en el lugar, sino en zonas con mucha agua y equipadas con máquinas como la Fundición de Quillan. En el siglo XX, el mineral del hierro se sacaba de la mina de Palairac a través de un cable de 5 km cuyas palas aéreas se llevan hasta la estación ferroviaria de Félines-Termenès. La actividad minera se extendió hasta los años 1960.

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